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  • El infinito en un junco: un viaje literario indispensable

    El infinito en un junco: un viaje literario indispensable

    Creo que todo cuanto de importante se podría decir sobre el libro El infinito en un junco, de Irene Vallejo, ya ha sido dicho por las voces más autorizadas de la literatura mundial. Pero al ser el redactor de estas letras para el olvido, creo que no me quiero quedar callado en post de satisfacer este ego secreto que me impulsa a meterme donde nadie me ha llamado.

    En tal sentido, decir más de algún lugar común sobre uno de los libros más extraordinarios que he leído a lo largo de mi aburrida (para otros) vida como lector es, si bien una elegía pobre, pero elegía al fin, el mejor motivo que encuentro para escribir sobre libros y autores de mi preferencia.

    Vallejo no sólo escribió un hermoso y cultísimo libro, sino ha creado un mapa cual carta Gantt de la historia de los libros y sus antecesores: desde la noche de los tiempos (ese es otro libro, por si acaso) de la humanidad, hasta esta época.

    Para nadie es dable reconocer que vivimos saturados de aparatos de alta tecnología que van sin recato deshumanizándonos a escala planetaria, donde los dueños del mundo ya no esconden ni sus ambiciones desmedidas ni sus alcances criminales para darle a la población mundial un presente griego invisible.

    Hoy esas influencias alcanzan tanto al pensador callejero, al trabajador ilustrado o al señorito de postín siendo manipulados por medio de verdades y mentiras a medias. Cada uno viviendo las consecuencias de una infodemia imparable que la mayoría de las veces van disfrazando imágenes y estímulos preñados de imbecilidades y odiosidades sin límites ni pudor alguno.

    Tal vez por eso, desde su más simple intención hasta la erudición hecha magia, el viaje maravilloso que nos regala Vallejos en cada una de sus páginas es más que una compleja invitación a la lectura sobre la historia de los libros en este mundo siempre marrullero; es también una inapelable provocación sin matices al intelecto, la entrega y el sentido de viaje que nos ofrenda la autora en cada una de sus páginas.

    En ellas transitan relatos sobre esos cazadores de presas silenciosas quecabalgaban sobre sus corceles por el mundo antiguo tras cualquier atisbo de la palabra “escrita” y superpuesta sobre los más disímiles materiales que pudiesen soportarlas. Adquiriéndolas a su vez por cualquier medio, no siempre lícitos ni éticos, pues sabían esos cazadores de textos de la antigüedad que otros hombres habían dejado los más disímiles legados sobre pueblos y civilizaciones que merecían ser conocidos por las generaciones por venir.

    Entrar en la vorágine del relato que nos ofrece Vallejo en su libro El infinito en un junco es, ante todo, un regalo de la más exquisita naturaleza. Aquí es posible encontrarse con erudición, fantasías, viajes y personajes sobre la historia de los libros a lo largo del devenir humano. Esos mismos que con el transcurso del tiempo, encontraron su primer espacio propio (así no siempre fuese respetado) como fueron las primeras bibliotecas que sabemos que alguna vez existieron.

    Desde las Tablillas de Mesopotamia, hasta los enrevesados centros de datos actuales, los que al parecer tienen vida propia, cada idea, cada sueño, cada aventura en torno al saber y al progreso humano, en mayor o menor medida han estado con nosotros desde siempre gracias a que los mismos fueron plasmados por algún visionario que nunca a dejado de soñar con asir el infinito para regalarnos su mirada de mundo.

    Irene Vallejo lo ha hecho y logrado sin reservas. Ahora sólo quedas tú, escurridizo lector, para “inmolarte” en la aventura de lo posible a través de la lectura de este u otros libros de viejo leídos por este lector con ínfulas de comentarista literario y que iremos comentando en la presente plataforma, la que se ha atrevido permitir que este pasquín llegue a ustedes.